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Jorge Barrientos

Efesios 6: La armadura de Dios, su significado y como usarla

Como hijos de Dios, querremos o no debemos saber que tenemos un enemigo feroz y astuto que se llama Satanás, quien dirige y comanda a los demonios. Por lo tanto, cada hijo de Dios tiene un conflicto espiritual con el enemigo, y en esta guerra espiritual no podemos emplear armas naturalezas para defendernos y atacar, sino más bien, debemos usar las armas espirituales que Dios mismo ha proveído para nuestra protección, resistencia y para mantenernos firmes.

La armadura de Dios es una armadura espiritual que tiene un conjunto de piezas muy bien ajustadas para mantener el equilibrio, dar protección y asimismo podernos defender y por lo tanto atacar al enemigo.

Leer: ¿Que es la armadura de Dios?

Este conjunto de piezas tiene el enorme potencial de hacer que cada hijo de Dios pueda pelear cada batalla y mantenerse firme, avanzar y asimismo conquistar el territorio enemigo a nivel personal, congregación, ciudad o país.

La armadura de Dios es una provisión poderosa para pelear en los tiempos malos que nos ha tocado vivir, tiempos de batallas espirituales continuas y guerra espiritual.

El cinturón de la verdad

Todas las piezas de la armadura de Dios deben estar sujetas al cinturón de la verdad. Esta pieza significa tener conocimiento de la verdad. También debemos saber que el enemigo es el constructor de la mentira y toda mentira tiene su origen en el.

En cambio conocer la verdad, nos hace libres, del engaño, la mentira y la falsedad. Para conocer la verdad, primero debemos conocer a Cristo, entregar nuestra vida a el y por consiguiente, El nos hace libres.

Leer: El cinturón de la verdad

La coraza de justicia

La justicia significa ser corregido. También se refiere a la justicia que Cristo nos da (2 Corintios 5:21). En la batalla espiritual, la justicia protege el corazón. Necesitamos la justicia completa de Cristo, creyendo que somos justificados por la fe y así obtenemos el regalo justo de Dios.

El enemigo pone toda clase de obstáculos en nuestro camino, pero la justicia protege nuestros corazones, nuestra parte delantera y espalda de nuestro cuerpo.

¿Como aplicar la coraza de justicia?

Obedecer la Palabra de Dios. Si hay un área de su vida que siente que se enreda fácilmente en el pecado, ore a Dio arduamente todos los días para que le ayude a superar y dejar de practicar y al mismo tiempo ejercite su dominio propio.

Pídale a una persona de confianza que ore por usted. Somos blancos fáciles para el enemigo cuando no obedecemos a Dios y estamos viviendo enredados con algún pecado.

El calzado del evangelio de la paz

No podemos llegar muy lejos caminando con los pies descalzos sobre espinas, vidrio y piedras afiladas, y mucho menos tratando de pelear una batalla en un terreno como ese, es por eso que nuestros pies deben estar calzados (protegidos). Del mismo modo, el que lleva el evangelio a los demás debe ser capaz de sufrir dificultades por el bien del evangelio. No debe volverse sensible y ante la oposición que encuentra, como si los pies descalzos estuvieran sobre vidrio y piedras afiladas. Debe tener sus pies espirituales calzados con el evangelio que produce paz y salvación a las personas.

El escudo de la fe

La fe siempre va en contra de la incredulidad, la duda y nuestros deseos. Una fe débil difícilmente podrá soportar los dardos en llamas del enemigo. Un cristiano que no cree a la Palabra de Dios, difícilmente podrá crecer su medida de fe. La fe es un escudo que tiene el potencial de defensa para el cristiano. A través del escudo podemos protegernos de todos los ataques del enemigo en forma de flechas.

Ninguna armadura defensiva era tan importante como el escudo. El escudo del soldado romano defendía de flechas, lanzas y espadas. El escudo de fe nos protege contra una de las armas más mortales de Satanás: la duda. Satanás nos lanza flechas de dudas e incredulidad cuando Dios no actúa de manera inmediata o visible. Pero nuestra fe y confianza en Dios proviene de la verdad incuestionable de la Biblia. Sabemos que se puede contar con nuestro Padre.

La espada del Espíritu